No traigo para el camion


vendadoDesde muy pequeño algo que me inquietaba era que veía gente con necesidad mientras nosotros teníamos una vida de familia de clase media con todas las comodidades que podíamos pedir e imaginar.

Esta inquietud de hacer algo para disminuir esa desigualdad me llevo a involucrarme en movimientos activistas de grupos de izquierda, en ese tiempo estaba convencido de que ese era el camino para liberar a las personas de la esclavitud de la pobreza así que durante buena parte de mi vida actúe bajo estas mismas creencias con la Pasión y obsesión que me ha caracterizado en los proyectos que he emprendido en mi vida.

Con la edad me fui dando cuenta de que el camino del “Socialismo” donde era todo para todos no era el que desplegaba libremente el potencial humano

Fue una etapa interesante y de mucho aprendizaje; ya con la edad me fui dando cuenta de que el camino del “Socialismo” donde era todo para todos no era el que desplegaba libremente el potencial humano y fui abandonado es camino para cambiarlo por el camino de emprender para lograr lo que uno requiere de la vida.

En ese tiempo creo que a mis 19 años, – en 1978 -, hubo una ocasión donde un grupo de amigos de los grupos de izquierda con los cuales colaboraba, hacíamos unas “pintas” en las paredes blancas que había sobre la calle Federalismo en Guadalajara, Jal. No recuerdo cuales eran nuestras demandas pero lo que si recuerdo con inusitada claridad es lo que paso ese día.

En ese tiempo, el gobierno empezaba incipientemente a reconocer la legalidad de los partidos de izquierda (las generaciones actuales no se podrían imaginar el peligro que representaba hablar mal del gobierno en ese tiempo), sin embargo aun existía la actividad de grupos de ultra-izquierda a los que el gobierno perseguía con fuego. Nuestra organización no pertenecía a esa corriente.

Estábamos tranquilamente con nuestras brochas gordas pintando las consignas en las paredes cuando de repente llegan varios pickups sin ninguna identificación, nos rodean y se bajan rápidamente una decena de hombres armados y nos detienen,

Estábamos tranquilamente con nuestras brochas gordas pintando las consignas en las paredes cuando de repente llegan varios pickups sin ninguna identificación, nos rodean y se bajan rápidamente una decena de hombres armados y nos detienen, en este momento recuerdo el dolor que sentí cuando pregunte que si que estaba pasando, pues una patada con gran precisión golpeo en medio de mis piernas a lo que fue un mensaje claro de que callara. ( aquí funciono el dicho “A buen entendedor pocas palabras bastan”)

Nos subieron a los pickups y nos ordenaron que nos acostáramos boca abajo y acto seguido encintaron mis ojos con cinta gris para ductos, el auto se puso en marcha mientras los hombres armados hablaban de nuestro futuro (o la falta de el) con palabras altisonantes. El auto se detiene, escucho un ruido de un portón abriéndose y un gran tope por el que paso la camioneta.

Mi suite en ese “Hotel” de secuestrados fue una especie de baño con regadera

Ya dentro de ese lugar cada uno fuimos llevados a diferentes lugares, (Nunca supe a que lugar llevaron a los demás) mi suite en ese “Hotel” de secuestrados fue una especie de baño con regadera. Con el tiempo la cinta en mis ojos empezó a aflojarse y pude ver las botas de los hombres y me di cuenta que eran militares. En esos tiempos aun actuaba un grupo paramilitar llamado “Brigada Blanca” que había sido el encargado de eliminar a los opositores del gobierno, este grupo se decía que estaba formado por militares y con esa información asumí que mis captores pertenecían a esa legendaria brigada.

Unos minutos después de que llegue a mi “morada” empezó un interrogatorio donde me inquirían “Donde esta xxxx persona tu sabes” yo ni al caso, nunca lo había escuchado. Seguía el interrogatorio presionándome a que aceptara que era miembro de la “liga comunista 23 de septiembre” (Organizacion clandestina de ultra-zquierda guerrillera) a lo que nunca acepte.

Como no sabia nada y no aceptaba ser miembro de la Liga, empezó lo que es lógico en este tipo de secuestros, llego la tortura tanto corporal como psicológica.

Ya había leído el libro y tal como lo narra en su historia Mario Benedetti, así paso en mi cautiverio

Una cosa curiosa que descubrí en esos momentos, es la realidad con la que Mario Benedetti (Escritor Uruguayo) en su libro “Pedro y el capitán” narra en la historia como Pedro que era un preso político que era torturado por su verdugo y que después de cada sesión de tortura llegaba el capitán que era el carcelero bondadoso que aconsejaba a Pedro para que hablara lo que sabia y así evitar que fuera mas lastimado con otra sesión de tortura, así el capitán se mostraba como el amigo y protector en ese sórdido ambiente.

Ya había leído el libro y tal como lo narra en su historia Mario Benedetti, así paso en mi cautiverio. Después de la sesión de interrogatorio violento llegaba una persona y me decía que no me preocupara que todo iba a estar bien, que si cooperaba nada iba a pasar y me hablada de él y buscaba hacer un ambiente de confianza conmigo. Así pasaron los días, que fueron 7.

Cuando escuchaba del síndrome de Estocolmo que dice que un secuestrado puede enamorarse de sus captores, me di cuenta de que sí es posible que suceda. Aunque no me “enamore” del “Capitan” que era el “bueno”, sabia que cuando él estaba conmigo no debía de preocuparme por la llegada del verdugo y tenia la certeza de que no pasaría nada al menos por ese tiempo en que mi “protector” estaba conmigo.

Cuando leí Pedro y el capitán era solo una historia, Cuando la vivi se convirtió en una experiencia.

Cuando una sabe algo, adquieres conocimiento pero cuando lo vives comprendes ese conocimiento.

Cuando leí Pedro y el capitán era solo una historia, Cuando la vivi se convirtió en una experiencia.

Durante mi estancia, en las mañanas escuchaba gritos de niños jugando como en un recreo de escuela y también a ciertas horas, campanadas de una iglesia, así que sabia que había una iglesia cercana y también una escuela. Y por el tiempo que transcurrió desde nuestra captura hasta que se abrió el portón tenia la certeza de que estábamos cerca de donde había sido capturado. Todo esto me llevo mas adelante a investigar y descubrir la cárcel clandestina.

Durante ese tiempo las amenazas de asesinarnos, de afectar a la familia, etc. se convirtieron en cotidianas. Cuando eso pasa, la lógica podría decirnos que el miedo aumentaría, pero por alguna razón uno se “acostumbra” y llega a la conclusión de que si no esta en mi control, va a pasar lo que va a pasar, ya sea que viva o que muera. Eso ya no era ninguna preocupación.

Un día llegan unas personas y me llaman, me cambian de cinta de los ojos, me suben al asiento de atrás de una camioneta doble cabina y me tiran al piso y me dicen que hasta aquí llegue, que me llevaran a la barranca de oblatos para aventarme y acabar con mi vida. Podría pensarse que en ese momento estaría lleno de pánico pero no, recuerdo que  solo escuchaba y me decía, lo que va a pasar es lo que va a pasar y listo.

Y me ordenan, ¡estas libre, no voltees que si lo haces te quebramos.!

Después de un rato, me dicen que me baje del auto, bajo de la camioneta dando la espalda y me quitan la cinta de los ojos (Creo que es una excelente manera de depilarse las cejas) y me ordenan, ¡estas libre, no voltees que si lo haces te quebramos.!

Así que me doy cuenta de que es el final de mi cautiverio y empiezo a caminar tambaleándome por el sol y la debilidad (La dieta y el menú de ese lugar no era muy equilibrada que digamos). y me doy cuenta de que debo de agarrar un camion urbano y que obviamente no traigo dinero así quedando un paso para atrás sin voltear les digo “No traigo para el camion” y me dan el dinero.

Así quedando un paso para atrás sin voltear les digo “No traigo para el camion”

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